Situación laboral de la mujer
Desde el comienzo de la existencia del hombre, la mujer ha sufrido distintas discriminaciones que aún hoy en día, siguen representando una marcada diferencia con el género masculino.
Según Engels, la primera clase social en la historia es la de la mujer, a la que se refiere al hablar de "la derrota histórica del sexo femenino". Su argumento consiste en proponer que condiciones históricas específicas permitieron a los varones acumular riqueza productiva al tratar a las mujeres y al producto de su trabajo como propiedad privada.
Al hablar de discriminación hay que considerar la diferenciación que el genero sufre en cuanto a sus posibilidades de desarrollo. Esto sigue ocurriendo, a pesar de los cambios que la sociedad ha ido experimentando, en virtud de las luchas que han tenido a las mujeres como protagonistas.
Desde el punto de vista del genero femenino, estos cambios han permitido acceder a una mayor independencia en sus modalidades de vida. Cabe aclarar, sin embargo, que este fenómeno no escapa de los parámetros de desigualdad según al estrato social del que se trate.
Una de las formas en que la discriminación hacia la mujer se expresa, es el denominado "techo de cristal", el cual da cuenta de la existencia de un piso que demarca la diferencia que se produce en la política de empleo con respecto a su ingreso salarial en relación al de los varones. Significa esto, que a pesar de que la mujer a logrado acceder a mejores niveles educativos, en el momento de conseguir empleo sigue encontrando mas obstáculos que el genero opuesto por lo que su inserción laboral se ve reducida a trabajos de menor calificación.
De esta manera y aunque "la igual remuneración por igual tarea" es un derecho de la Constitución Nacional -Art. 14 bis-, la brecha salarial entre los sexos varia según se trate del trabajo por cuenta propia o como asalariado/a, según los sectores sociales, el nivel educativo y la calificación profesional, en promedio, las mujeres reciben el 71 por ciento del salario del varón.
La mejor posición del hombre fuera del hogar se traslada como una posición de comando dentro del mismo. Como señala, Lo Vuolo y otros "no se trata solo de la cantidad de dinero sino también de la consideración social que se deriva del mismo. El ingreso de la mujer siempre es considerado como complementario aun cuando la familia no pueda sobrevivir sin este ingreso o que este sea mayor que el del hombre. En general el ingreso femenino es considerado como temporario y justificado por causas extraordinarias. Puede decirse que existe una relación dialéctica entre las responsabilidades de la mujer dentro de la familia y su necesidad de participación en el mercado de trabajo, que asegura la configuración de esta imagen de "ejercito de reserva" o de trabajadoras secundarias, a la vez que garantiza la posibilidad de ser devueltas a la esfera primaria del hogar, cada vez que no se las necesite en el mercado laboral".
La preocupación por superar las desigualdades entre los géneros, ha ido adquiriendo un fuerte impulso en el mundo. Es notorio, que las mujeres de Argentina han experimentado importantes transformaciones que se reflejan en el aumento de la esperanza de vida y en el mejoramiento general de los indicadores de salud, en la reducción del numero promedio de hijos, en mejoras en el acceso a mejores niveles de educación, en su mayor participación y permanencia en el mercado laboral.
Sin embargo, actualmente persisten inequidades respectivas al genero que se expresan en la no correspondencia entre los logros educativos alcanzados por las mujeres y la calidad de su inserción en el mercado de trabajo, tanto en relación a su calidad ocupacional y nivel de salarios como en el acceso a puestos de conducción y a sectores de actividad tradicionalmente masculinos. A esto, se agrega que para la mayoría de las mujeres la actividad laboral se prolonga en el ámbito doméstico, traduciéndose en el cumplimiento de la denominada "doble jornada de trabajo".
Todavía la imagen del género remite -preponderantemente- a la valorización del rol reproductivo, a la transmisión de valores en la vida doméstica y a la prolongación de estos roles en la esfera pública, reconociendo la alta capacidad educativa, de prestación de servicios sociales y de salud de las mujeres y, en general, su aporte a la mejora educativa del conjunto de la sociedad. Las funciones de producción, la integración plena a las actividades económicas, la obligación preponderante de trabajar y ser principal sostén de la familia, la actividad política, el desempeño de cargos directivos y el ejercicio del poder continúan siendo constitutivos del imaginario referido a la masculinidad.
Legislación en Argentina
AUTOR
Federico Aguayo
5to año de la carrera de Abogacía
federicoaguayo@hotmail.com
Argentina
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